El petróleo del siglo XXI

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petroleoLa UE no ha logrado actualizar la normativa de protección de datos; está en vigor desde 1995, cuando el fundador de Facebook tenía sólo 11 años.

 

El tratamiento de datos personales es un negocio en auge. En el 2011, movió 315.000 millones de euros en la Unión, según la Comisión Europea, una cantidad que de aquí al 2020 podría triplicarse. No es de extrañar que a los datos personales se les conozca en el sector como el petróleo del siglo XXI.

Reformar la normativa europea sobre protección de datos personales ha sido una de las batallas perdidas de la legislatura que ahora termina. No se puede decir que la propuesta llegara a destiempo. La legislación actual está en vigor desde 1995, cuando Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, tenía sólo 11 años y apenas se podía intuir los enormes cambios que internet iba a provocar en la forma de relacionarnos y compartir información. La presión de las empresas tecnológicas y la división entre los gobiernos sobre cómo aplicar la protección de datos en la era de internet impidieron cerrar un acuerdo antes de que la Eurocámara se disolviera.

Para sus detractores, en algunos casos la normativa propuesta es tan restrictiva que puede impedir que las empresas utilicen información que sí queremos -o no nos importa- que usen. Para Bruselas, es crucial que debamos dar nuestro consentimiento antes de que se procese o se transfieran nuestros datos, que tengamos derecho a pedir a una empresa que los borre de su archivo y que haya ventanillas únicas para resolver conflictos, sin tener que ir al país donde la empresa tiene su sede (Facebook, en Irlanda).

La propuesta ha sido objeto de una de las campañas de lobby más feroces que se recuerdan en Bruselas. Los eurodiputados examinaron más de 4.000 enmiendas antes de pronunciarse, algunas copiadas literalmente de las sugeridas por grupos de presión. Finalmente, en algunos aspectos el Parlamento va más lejos que la propuesta original.

La sentencia del Tribunal de Justicia de la UE obligando a Google a atender las solicitudes de ciudadanos anónimos para retirar informaciones -muy criticada en el mundo anglosajón- puede servir de acicate para retomar las negociaciones. ¿En qué sentido? Se verá en la próxima legislatura. La hiperactividad lobbística de las empresas tecnológicas da idea de la repercusión global que puede tener la decisión europea.

Fuente: Beatríz Navarro / http://www.lavanguardia.com/politica/elecciones-europeas/20140519/54408069169/petroleo-siglo-xxi.html

 

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